¿Sufre usted de “amoñoñamiento” cibernético?

Por Héctor Héreter
Recientemente adquirí una bicicleta a precio de gallina flaca siguiendo la sugerencia de mi médico primario que debía bajar esas libritas de más. (Para ser sincero, me he convertido en un apasionado de la comida chatarra). En el proceso de pedalear como loco por las principales avenidas de la ciudad descubrí una nueva forma de interactuar con mi medio ambiente urbano, fuera de la burbuja con aire acondicionado del automóvil.
Descubrí lo desconectado que estaba de muchas de las vibraciones vivas de la ciudad y de sitios que no sabía que existían. En este transitar me di cuenta de negocios y establecimientos comerciales que ni siquiera me había percatado de su presencia, tal como un restaurante mexicano administrado por un ex hippie inglés enamorado del trópico y otro peruano que prepara un exquisito ceviche a precios muy módicos; un expendio de deliciosos jugos naturales y hasta una tienda que vende discos en acetato de ediciones tan antiguas como la década de los 40.


Me pregunté cómo es que nunca me había percatado de la presencia de estos establecimientos. En un principio culpé la velocidad que transitaba con mi carro por la avenida, pero en una segunda pasada por el lugar me di cuenta que muchos de estas tiendas sufrían de algo muy común en el mundo de la publicidad y el mercadeo: “amoñoñamiento”. (Palabra caribeña de fuerte influencia afroamericana que significa una caótica acumulación de elementos, amontonados en un revoltillo que no se puede distinguir una cosa de otra).

 

El fenómeno del amoñoñamiento es tan evidente en nuestra sociedad actual donde nos anuncian tal o cual servicio o producto, incluso la felicidad instantánea (claro que omito las Sex shops), pero ante el incesante bombardeo de publicidad tendemos a ignorarlos de manera activa o pasiva. El ciudadano promedio de cualquier gran ciudad del mundo se estima que estará expuesto a más de 3000 mensajes diarios, o sea, más de 187 propuestas por minuto, casi 4 cada segundo, en un día de 16 horas de vigilia. Por tanto, si su negocio comparte la cuadra con otra veintena de establecimientos, de seguro que pasará desapercibido, al menos que sea una ciudad netamente peatonal o que los ciudadanos se transporten en bicicleta, lo cual no es el caso en la mayoría de las grandes urbes del continente americano.

 

Ante este amoñoñamiento de anuncios y letreros, los supuestos gurús de la publicidad proponen anuncios descomunales a todo color, tan grandes como un edificio completo de diez pisos,  con incalculables ganancias para la agencia de publicidad del mencionado gurú, pero con pírricos resultados para el negocio; entonces entramos a una segunda fase: el mega-amoñoñamiento.

 

Amoñoñamiento cibernético.

Cuántas veces nos hemos quedado abochornados ante un amigo que nos dice casi al borde de la ofensa“¿pero no viste lo que puse en Facebook o es que ya tú me eliminaste de tu lista de amigos?”

 

 

Algunos de mis contactos en esta red social celebran cuando sobrepasan los más de 1000 amigos “faisbuqueanos”, pero me pregunto cómo lograrán manejar el estrés si yo con menos de 500 contactos a veces debo desconectarme al borde del agotamiento tras malgastar tres a cuatro horas tratando de pescar algo interesante en la red…algo que sobresalga sobre las bonitas frases recicladas, corazones despechados; los anuncios del fin del mundo y la diseminación de rumores sin fundamento.

 

En la actualidad Facebook cuenta con más de 750 millones de suscriptores, eso es un 11% de la población mundial. Ciertamente que una buena forma de estar en contacto con el mundo, pero ¿contamos nosotros los pobres mortales con el suficiente tiempo para manejar este amoñoñamiento de mensajes? Ciertamente que NO.

 

Muchos profesionales de las comunicaciones, principalmente en las disciplinas de relaciones públicas y mercadeo, proclaman que la redes sociales son la nueva frontera inexplorada de la interacción humana, pero aplican viejas normas para sondear este terreno supuestamente virgen, pero no se han dado cuenta que las redes sociales hace tiempo perdieron su virginidad, no sólo a través del unión de un matrimonio legal, sino por el amoñoñamiento de muchos amantes.

 

Por tanto que si quiere ser oído y notado en los medios sociales debe empezar de nuevo desde lo más básico como crear vínculos que generen empatía entre sus participantes.

 

De regreso a lo básico.

 

Todos competimos por atención
En la medida que aumenta su dedicación de tiempo y recursos al manejo de los medios sociales sus esfuerzos para promocionar tu negocio en las redes sociales, irremediablemente entras en la competencia para contrarrestar el amoñoñamiento de millones de otros cibernautas que también flotan en el ciberespacio utilizando viejas herramientas para el manejo de los medios tradicionales como son la prensa, radio y televisión a fin de publicitar su actividad comercial. Por tanto no es quien grita más o es más alto o brillante dentro del amoñoñamiento, sino el que es capaz de tocar la fibra social de cada quien.

Concéntrate menos en los medios y más en los sociales

 

Respira profundo, ya que al haber tanta gente dentro del amoñoñamiento lo primero que se siente es una sensación de asfixia, piensa con calma. Háblame directamente y no a los 750 millones de suscriptores de Facebook o los 200 millones de Twitter. Habla con Héctor Héreter de San Juan, Puerto Rico o Juan Pérez de de la pampa argentina o Emeterio Santos en los Andes colombianos.

 

Existen cientos, posiblemente miles de alternativas de sitios donde pueda comer unas buenas chimichangas (burritos) en la ciudad que actualmente resido, eso sin contar las grandes cadenas como Taco Bell o Taco Maker, pero de seguro volveré al restaurante del hippie inglés, ¿por qué? No porque me ofreció un descuento la próxima vez que vaya a su local (aunque esto funciona también tomado en cuenta el factor precio) o porque las margaritas sean más sabrosas (esto también funciona también tomado en cuenta el factor calidad del producto), sólo por el simple hecho que me saludó mientras estaba en restaurante y mientras hablábamos de cosas comunes me pidió mi correo electrónico y mi identificación en Facebook.

 

 

Cuál fue mi sorpresa al siguiente día al ingresar a mi muro de Facebook tenía una solicitud de amistad del hippie inglés, y desde entonces continuamos esta relación cibernética donde intercambiamos ideas y comentarios.

 

Recientemente colocó uno en mi muro que tuvo gran resonancia entre mis amigos que decía: “Si quieres encontrar expertos, haz lo siguiente: empieza a hacer algo y en 10 minutos la gente que se creen expertos vendrán de todos lados diciéndote que eso no se puede hacer”.

 

Cuando mis amigos me preguntaron el nombre del autor de dicha frase, de inmediato les referí al restaurante del hippie inglés que cocina sabrosas chimichangas.

 

El factor de la referencia

 

¿Quiere decir esto que con dar el nombre del restaurante le asegurará una lluvia de clientes? Posiblemente no.

 

Pero una cosa si puedo decir con toda certeza, cuando decido ser su cliente seré uno fiel a través del tiempo. Por lo tanto cuando alguien me pregunte dónde pueden disfrutar de unas buenas enchiladas, tacos “home made” y refrescantes margaritas, sin lugar a dudas que los referiré a mi amigo el hippie inglés.

 

Una buena referencia rompe-amoñoñamiento

 

 

Panfletos, hojas sueltas, pancartas, anuncios luminosos, tal como en Times Square de Nueva York, compiten fieramente por atraer nuestra atención, pero sólo hace falta de la referencia de alguien que sinceramente nos recomiende un sitio para que vayamos hacia ese lugar. Es lo que los expertos en publicidad y otras disciplinas de la comunicación denominan “Word of Mouth” o dicho en el idioma de Cervantes “Boca a Boca”.

 

Incluso esta referencias personales funcionan cuando provienen de un desconocido, pero que demuestra un entusiasmo sincero cuando nos recomienda algo.

 

Sea creativo cuando promocione su producto o servicio en las redes sociales, pero más importante aún, maneje su negocio de tal manera que pueda ofrecer una grata experiencia a su cliente. En este caso es más cómo usted trata a sus clientes que cómo usted mercadea su negocio.

Aquí no funciona los gritos más estridentes (¿se han dado cuenta que durante los cortes comerciales en televisión de manera automática sube el volumen de su receptor?) lo que se atraerá a su audiencia faisfuqueana o en cualquier otra red social es cuando genere contenido relevante y la vez incentive las referencias de boca-a-boca, una vez logrado esto el mercadeo se logra por si solo.

Publicado por Héctor Héreter / Fuente: http://masalladegutemberg.blogspot.com
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